REFUGIOS CULTURALES. Publicado en Revista Brando Nº177, Diciembre 2021
“Necesitamos tu ayuda. Esta es la publicación que esperábamos nunca escribir, pero hoy marca un enorme punto de inflexión en nuestra historia. Nuestros ingresos han disminuido casi un 70 % en comparación con el año pasado, y los préstamos y reservas de efectivo que nos han mantenido a flote estos últimos meses están agotados”. A sus 93 años, la legendaria librería independiente de Nueva York, The Strand Books lanzaba en la redes un desesperado mensaje en una botella. Leído con frialdad uno puede pensar que es otro negocio más de los millones que se llevó puesta la pandemia a lo largo y a lo ancho del mundo. Pero hablamos de un lugar paradigmático de los que conforman la identidad de una ciudad.
Desde los años setenta la isla de Manhattan sufrió varias olas gentrificadoras. Esos míticos años de bohemios, mafiosos, intelectuales, asesinos, artistas y yonkis que el cine ilustró hasta el hartazgo tienen poco que ver con esta ciudad de pisos para multimillonarios y fondos para turistas instagrammers. Del CBGB, esa olla donde se cocinó a fuego lento toda una cultura, solo queda un negocio de ropa con precios inalcanzables, un puñado de posters y un mural de Blondie para que puedas llegar a los 50 me gusta.
Ya sea por los procesos de gentrificación o por la pandemia, ¿cuales son esos lugares que construyen la identidad de tu ciudad?, ¿cuáles son los referentes reconocidos socialmente como puntos de partida del somos, quienes confirman esa memoria colectiva?.
La cuarentena tuvo muchas etapas. Cuando volvimos a las calles, necesitábamos pasar por un determinado lugar, teníamos la pulsión de volver a ver esas referencias que tiene que ver con nuestra historia, nuestra cultura, nuestra vida. Cuando en pleno invierno pandémico moqueaba escuchando a Cucuza Castiello y Mateo Sujatovich cantar “Cabildo y Juramento”, estaba ejercitando fuertemente la nostalgia. Sentía la ausencia de ese lugar que ni siquiera sabía si continuaba existiendo pero que fue central en la patria de mi adolescencia.
Ya sea por el aislamiento, por la inseguridad, por los cambios que despersonalizan una ciudad, por la otredad o por lo inabarcable de su geografía, muchos ciudadanos suelen refugiarnse en la frase “todo pasado fue mejor” y se quedan aferrados a él como estrategia de supervivencia. Y esa puede ser una clave para entender el fenómeno, para muchos especialistas la identidad se crea a partir de procesos de identificación basados en experiencias concretas por razones culturales, aspiracionales o de multiplicación social. Trasciende las experiencias individuales concretas y genera significaciones colectivas.
¿Da lo mismo Río de Janeiro sin el Canecao, Nueva York sin Studio 54, Buenos Aires sin Cemento o Lima sin la Libre de Barranco?. Si bien nos cuesta asimilar las pérdidas, estas suelen ser una experiencia natural en nuestras vidas. Cuando hablamos de los espacios que conforman el patrimonio, la marca, el perfil o la personalidad de una urbe el proceso construye una referencia colectiva de la identidad social de los habitantes de una ciudad. Esos espacios donde fuimos felices


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