LA ERA DE LAS SUPERISLAS. Publicado en Revista Brando Nº171, Junio 2020
Suena el despertador en el departamento de Asnieres Sur Scene. Me levanto, desayuno y encaro el tren para ir a trabajar. Dos estaciones después me encuentro en el centro de París. El espíritu navideño se empieza a confundir con el clima preelectoral, en tres meses hay elecciones y los debates comienzan a copar el espacio público y los centímetros en los diarios. La alcadesa Anna Hidalgo lucha por su reelección y su principal propuesta era “La ciudad de 15 minutos”. La propuesta de una ciudad multicéntrica en la que puedas trabajar, vivir, estudiar, abastecerte, cuidarte y disfrutar dentro de un radio determinado al que puedas acceder caminando o en bicicleta.
Esto incluía extender la red de bicisendas a todo el anillo urbano, lo cual implicaría una reducción drástica del espacio de estacionamiento y con ello ir hacia la erradicación definitiva de los vehículos motorizados dentro de una amplia zona de la ciudad. Ese espacio se reciclaría en zonas verdes, huertos urbanos y parques para los niños. Pensando en ellos, el plan incluía generar espacios de encuentro y juego, desde áreas de juego sin peligro hasta la apertura de las escuelas los fines de semana como para sumar espacio público seguro.
Esta idea proyectada por el urbanista Carlos Moreno incluye acercar todos los servicios municipales a esos núcleos urbanos, servicios policiales de proximidad sin armas, comisarías de la mujer y espacios de acompañamiento a las personas mayores. La propuesta pasa por asegurar la diversidad mediante el desarrollo de nuevas interacciones sociales, económicas y culturales, y de asegurar la densificación su
stancial, optimizando la gama de servicios a través de la tecnología digital y modelos colaborativos y compartidos. En definitiva, pasar de un modelo de planificación urbana a uno de planificación de la vida urbana.
Pandemia mediante, las “Pantallas de un mundo nuevo” me dieron la oportunidad de consultarle acerca de este plan al comisionado de Cultura en el Ayuntamiento de Barcelona Joan Subirats, en el marco de un encuentro de la Maestría en Gestión de Ciudades de la UBA. Me respondió que en Barcelona estaban alineados con esa idea. Ellos trabajan sobre un concepto que popularizó el sociólogo Richard Sennet: las superislas. Esto significa la capacidad de bloquear el tráfico dentro de un marco de 9 manzanas buscando una acentuación de la proximidad y un mejoramiento sustancial del nivel de habitabilidad en zonas densas al aumentar la calidad de los espacios, de los servicios, los parámetros ambientales y la creación de lazos de comunidad. Proponen articular equipamientos estatales, culturales, sanitarios, educativos, para que puedas desarrollar tu vida dentro de esas superislas.
Los estudios prevén que la implementación de estos “superbloques” o “supermanzanas” en principio mejoraría la calidad del aire, bajaría los niveles de irradiación de calor y reduciría mucho la contaminación acústica. Por otro lado, una mayor cantidad de espacios verdes motivan a los vecinos a salir de sus casas y propician un estilo de vida más activo lo que redundaría en una reducción de los problemas de obesidad, hipertensión, diabetes y riesgos cardíacos. Esto aliviaría mucho a la red de salud pública. La apuesta incluye un fortalecimiento de la comunidad, y a través de la generación de estos espacios comunes un relacionamiento clave para la lucha contra la soledad y el aislamiento.
En el papel todo parece ideal. La implementación de media docena de estas superislas ya genera material para el análisis y para las críticas, que se centran en dos temas: uno es que el sacar los autos de estos espacios tiende a obstruir el resto de las calles, el otro es que los alquileres y el valor de la propiedad tienden a subir y a generar procesos de gentrificación.
Lo que por ahora no se duda es que esta hiper proximidad propone nuevos modelos de desarrollo humanos, sociales y económicos que pueden llegar a ser tan entrañables como la vecindad del Chavo. Ahí sí que no había problemas de gentrificación porque primero había que cobrarle la renta a Don Ramón y la historia dice que eso, era una misión imposible.


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