ESE ASUNTO DE LOS RÍOS. Publicado en Revista Brando Nº166, Enero 2020
La relación entre las ciudades y los ríos no siempre es armoniosa, ni vinculante. Hay ciudades como Rosario o Berlín donde en verano los ríos son una celebración, otras como Paraná, Corrientes o París donde son un factor identitario, hay veces en que los ríos sirven para acallar resentimientos entre vecinos como en el caso de Viedma y Carmen de Patagones, en otros casos los cursos de agua son estados de ánimo como en Montevideo. Hay relaciones históricas entre las ciudades y los ríos, y hay trabajos decididos de los gobiernos locales para cambiar esa relación.
San Salvador de Jujuy es un caso interesante. Hasta hace unos años el Río Xibi en su paso por la ciudad era un basural. Uno llegaba a la terminal o venía del aeropuerto y se encontraba con una bienvenida muy poco agradable por el descuido y la suciedad. Al ser un cauce que crecía muchísimo durante los veranos y se transformaba en un hilo durante los inviernos, costaba pensar en alguna solución permanente. Pero hace unos años la encontraron: lo transformaron en el Parque Lineal Xibi Xibi con terrazas, carpetas verdes, iluminación, senderos urbanos, ciclo vías, gimnasios urbanos,reforestación, juegos para niños que incluso pueden ser tapados por el agua en la crecida y mantenerse bien en épocas de poco flujo. Así, la relación de los ciudadanos con el río cambió drásticamente, siendo ahora un foco social central para la vida de los habitantes de San Salvador.
En Argentina tenemos también la siempre complicada relación de los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires con el río. Y yo diría con el agua. En su historia, la metropoli tapó, entubó, ocultó sus cauces de agua y le dió la espalda al Río de la Plata, no sin antes morderle una buena porción de terreno.
Pero qué llevó a los porteños a darle la espalda al río?. Quizá fue la barrera urbana conformada por los clubes, la ciudad universitaria, el aeroparque, el puerto, la usina y Puerto Madero. Quizá fue el no haber respetado el camino de sirga, esa calle que deben dejar los propietarios ribereños a ríos para su uso público hasta la orilla de un río, lago o canal. Ese espacio cuyas dimensiones con el tiempo se achicaron de 35 a 15 metros, podría haber conformado un paseo costero que quizá hubiera permitido a los porteños disfrutar otro tipo de relación con el río. Un uso más recreativo de la costa, un espacio para desenchufarse, jugar, respirar, meditar, hacer deporte, pensar, ser creativo, en definitiva para buscar otro tipo de diálogo con el medioambiente.
Mientras escribo esta nota me pregunto: ¿Te imaginas corriendo por las orillas del Río de la Plata?, ¿Te imaginas dándote un chapuzón en el río en el horario del almuerzo de tu trabajo? ¿Te imaginas buscando perdido en tus pensamientos con la mirada clavada en ese río?. Una inspiración que ha llevado a innumerables poetas, escritores y artistas a crear obras maravillosas, como le sucedió a Jorge Luis Borges que en “Arte poética” escribió: “Mirar el río hecho de tiempo y agua, / y recordar que el tiempo es otro río / saber que nos perdemos como el río / y que los rostros pasan como el agua”.


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