DE ESPALDAS AL RÍO. Publicado en Revista Brando Nº 176, Noviembre 2021
DE ESPALDAS AL RÍO
La venta de los terrenos de Costa Salguero nos invita a pensar la antagónica relación de la ciudad con el Río de la Plata.
Por Pablo Montiel
Buenos Aires es una ciudad que le da la espalda al río. ¿Cuántas veces escuchamos ese lugar común? A finales de los 70, mis viejos nos subían a los 4 hermanos al Citroën 3cv para ir a ver a los aviones. Nos recuerdo en Aeroparque viendo con alegría como partían y llegaban las aeronaves, pero siempre de espaldas al río. En ningún lugar de mi memoria encuentro al mar dulce como parte de esos planes familiares.
Por estos meses el vínculo entre Buenos Aires y el río vuelve a estar en el tapete por la idea del Gobierno de la Ciudad de vender los terrenos de Costa Salguero y Punta Carrasco cuyas concesiones vencen en 2021. Esta idea es parte de un plan de venta de terrenos públicos que se viene realizando desde 2015. Son 18 hectáreas para las cuales se modificó la zonificación para poder urbanizar, incluida la construcción de viviendas de hasta 30 metros de altura. Para el oficialismo porteño el 35% del espacio que está dedicado a los emprendimientos inmobiliarios es el que financiará al 65% de espacio público restante, pero también es innegable que ese parque es el que le va a dar el valor agregado al negocio.
En principio, en este hecho se abren al menos 4 debates posibles: un debate sociológico vinculado a cómo nos relacionamos con el río, uno político acerca del rol del estado y su relación con los negocios inmobiliarios, uno económico social acerca de a quiénes van a parar las ventas de terrenos públicos y uno medioambiental acerca de la cantidad y calidad de los espacios verdes. En todos los casos subyace la misma pregunta: ¿en qué ciudad queremos vivir?
Cuando repaso la relación entre una ciudad argentina y su río la primera que me aparece es Rosario. Desde fines de los 90, Rosario recuperó 17 kilómetros de costa sobre el Río Paraná transformándola en un paseo público ribereño virtuoso que combina de modo ejemplar la integración con el entorno natural, servicios públicos de calidad y una urbanización cuyo eje es el motor económico pero sin que se transforme en una barrera entre los ciudadanos y su río.
Hablar de la Costanera rosarina no es solo hablar de la diversidad de sus propuestas gastronómicas, del espacio para realizar actividades deportivas como caminar, correr, andar en bicicleta o la calidad de su oferta cultural que va del Museo de Arte Contemporáneo (MACRO) hasta la Isla de los Inventos pasando por el Parque España o el galpón de la Música. Es, también, un espacio donde la gente se encuentra, donde se reunen las familias de todas las clases sociales, una usina donde se genera comunidad y ciudadanía. Con solo mirar cualquier fotografía del lugar en un fin de semana soleado uno se da cuenta enseguida de la calidad de vida que gana una ciudad al recuperar sus paseos ribereños y cambiar la forma de relacionarse con su río.
Del otro lado de la postal rosarina, los porteños tenemos a Puerto Madero. Quizá el desarrollo urbano más paradigmático que dejaron los noventa se fue transformando con el paso de los años en un acopio de departamentos de lujo vacíos comprados para especulación inmobiliaria y un espacio público al que cuesta llegar ya sea por las barreras urbanas o por la ausencia de transporte público. Condiciones con las que ya cuenta la Costanera, entre el muro que conforman las autopistas con el aeroparque y el escaso transporte público se acentúa su lejanía. En el medio entre estos modelos se encuentra el Paseo de la Costa de Neuquén. Un paseo que recuperó la relación entre ciudadanos y el río, aunque todavía con escasos servicios, y que convive con un desarrollo inmobiliario agresivo cuyos críticos comparan con el de Puerto Madero.
Mientras escribo esta nota resuena en mis oídos la voz del uruguayo Jorge Drexler cantando “En esta orilla del mundo lo que no es presa es baldío, creo que he visto una luz al otro lado del río”, visualizo la extensa rambla de Montevideo y me quedo pensando. ¿Qué relación tenemos y cuál queremos tener con el río? ¿Estamos a tiempo de hacer algo? ¿Seguiremos siendo presa o baldío como canta el trovador, o podremos construir otras opciones?


Comentarios
Publicar un comentario